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Infants jugant amb magnetismes a l'espai Explora de la Upetita

Los niños y niñas de 0 a 3 años desarrollan pensamiento científico desde las primeras experiencias de exploración

Los niños y niñas de 0 a 3 años pueden iniciar procesos de pensamiento científico mucho antes de lo que tradicionalmente se ha considerado, siempre que dispongan de entornos educativos diseñados con intencionalidad pedagógica y materiales adecuados. La investigación evidencia que la actividad exploratoria de los niños evoluciona desde una manipulación sensorial espontánea hasta acciones cada vez más intencionadas y estratégicas, en las que observan, anticipan resultados y ajustan sus acciones, desplegando formas incipientes de razonamiento científico.

Estas conclusiones forman parte del artículo Exploratory behavior of children aged 0–3 with a magnetism-based activity, publicado en la revista científica European Early Childhood Education Research Journal. El artículo ha sido elaborado por Loli Vázquez-Carrasco, coordinadora del grado en Maestro de Educación Infantil de la Facultad de Ciencias Sociales de Manresa; Anna Marbà-Tallada, de la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad Autónoma de Barcelona, y Montserrat Pedreira, vicedecana construcción del conocimiento científico en las primeras edades, un ámbito todavía poco explorado pero de alto interés educativo.

De la exploración espontánea a la acción estratégica

Como resultado del trabajo, se ha desarrollado una escala de comportamiento exploratorio (ECE) formada por cinco fases: exploración espontánea, exploración con repetición, acción orientada, acción con control y acción con estrategia. Esta escala permite evidenciar la evolución del comportamiento exploratorio de los niños en su interacción con el mundo.

La investigación muestra también que, incluso, fenómenos científicos aparentemente complejos, como el magnetismo, pueden ser introducidos a edades muy tempranas. Lejos de ser un contenido inaccesible, se convierte en una oportunidad educativa para estimular la curiosidad, la formulación de hipótesis y la comprensión de relaciones de causa-efecto a través del juego y la exploración.

Otro aspecto clave es el papel de los materiales y del diseño de los espacios educativos. El estudio evidencia que las propiedades de los objetos y la manera en que se presentan actúan como catalizadores del proceso de aprendizaje, facilitando el paso de conductas exploratorias simples a otras más complejas. También subraya la importancia de la intervención adulta, especialmente en la planificación de entornos ricos en estímulos que favorezcan la actividad científica emergente.

En cuanto a la metodología, la investigación ha adoptado un enfoque cualitativo y longitudinal. Se ha seguido, durante 19 meses, a un grupo de 20 niños de entre 6 y 36 meses en una escuela infantil, y se han analizado 38 secuencias de vídeo en las que interactúan libremente con una propuesta educativa basada en el magnetismo. A partir de estas observaciones, se ha desarrollado una escala propia que permite describir e interpretar los diferentes niveles de exploración, desde el contacto sensorial hasta la acción estratégica con uso de herramientas.

El artículo forma parte de la tesis doctoral de Loli Vázquez y se inscribe en la actividad de investigación de los Estudios de Educación Infantil de la Facultad de Ciencias Sociales de Manresa (UVic-UCC), liderada por el equipo del Lab 0_6, espacio de referencia en la investigación e innovación en educación científica en las primeras edades, que recientemente ha celebrado su décimo aniversario.
 

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