La práctica castellera es una expresión cultural de gran dimensión social, pero también un entorno en el que la prevención y la atención inmediata tienen un papel clave. Más allá de las lesiones —que ya han sido objeto de estudio—, el análisis de lo que ocurre en los primeros momentos tras una caída abre una línea de trabajo relevante para la enfermería.
Este es el foco del Trabajo Final de Grado en Enfermería de Guillem Tarrias Puyal, Análisis de la respuesta inmediata ante caídas en el mundo casteller, que pone el centro en cómo se actúa cuando un castillo se desmorona y en el papel de los conocimientos, las creencias y las emociones de los propios castellers en la primera respuesta.
Cuando la respuesta inmediata marca la diferencia
Cuando se produce una caída, a menudo en un contexto de tensión, ruido e incertidumbre, la primera intervención recae en las personas más próximas. En este entorno, los castellers se convierten, de manera natural, en los primeros intervinientes.
Aunque no deben sustituir a los profesionales sanitarios ni realizar maniobras complejas, las evidencias apuntan a que unas acciones básicas bien ejecutadas pueden tener un impacto positivo en el pronóstico de las personas accidentadas.
Por este motivo, el estudio destaca la importancia de que los miembros de las colles dispongan de nociones básicas de actuación, como por ejemplo:
- Aplicar el protocolo de proteger, avisar y socorrer
- Identificar signos de gravedad
- Evitar movilizaciones inadecuadas
- Facilitar el acceso y la intervención de los equipos sanitarios
Este conocimiento, aplicado en los primeros minutos, puede contribuir a una respuesta más segura, ordenada y efectiva.
Castellers formados: de participantes a agentes activos de salud
La investigación pone en valor la evolución del mundo casteller en materia de seguridad: desde la introducción del casco para los miembros del pom de dalt hasta la presencia creciente de equipos sanitarios dentro de las propias colles.
En este contexto, se consolida una idea clave: los castellers no solo forman parte de la actividad, sino también de la respuesta sanitaria inicial. Su proximidad a los hechos los sitúa en una posición estratégica para actuar de manera precoz.
Esto hace necesario reforzar su formación con criterios claros y compartidos, adaptados a las particularidades de la actividad castellera.
Un campo emergente para la enfermería
A pesar de su trascendencia y visibilidad, la primera intervención en las caídas castelleras sigue siendo un ámbito poco explorado desde el punto de vista científico y asistencial.
Según el estudio de Guillem Tarrias Puyal, este escenario ofrece una oportunidad clara para la enfermería, que puede actuar en dos dimensiones complementarias:
- Asistencial, en la atención inmediata en entornos extrahospitalarios
- Educativa, en la capacitación de la comunidad castellera
La enfermería puede contribuir a:
- Desarrollar formaciones adaptadas a cada colla
- Establecer protocolos sencillos y compartidos
- Promover simulaciones de situaciones reales
- Mejorar la coordinación con servicios de emergencias
- Identificar y corregir creencias erróneas
De la reacción a la preparación
La aportación principal del trabajo es el cambio de mirada que propone: tras una caída, la pregunta no es solo qué ha pasado, sino cómo se ha actuado.
Aspectos como proteger el espacio, activar correctamente los servicios de emergencia, evitar riesgos adicionales o facilitar la intervención profesional son determinantes en los primeros momentos.
En este sentido, entender qué saben los castellers, qué creen que hay que hacer y cómo actúan realmente en situaciones de tensión se convierte en una línea de mejora clave para reforzar la seguridad y la eficacia de la respuesta colectiva.
Conocimiento aplicado a una realidad singular
El entorno casteller combina cultura popular, deporte y comunidad, y requiere enfoques específicos. Tal como señala el trabajo, no se trata de medicalizar esta práctica, sino de integrar conocimiento sanitario útil dentro de su dinámica propia.
Esta perspectiva sitúa a la enfermería como un agente clave para contribuir a una respuesta más coordinada, segura y compartida ante las caídas, convirtiendo el conocimiento en una herramienta de salud comunitaria.
Guillem Tarrias Puyal, enfermero graduado en la Facultad de Ciencias de la Salud de Manresa