El sedentarismo afecta de manera diferente el bienestar emocional del estudiantado universitario
Las mujeres universitarias que acumulan períodos prolongados de tiempo sedentario presentan niveles más bajos de bienestar emocional, una asociación que no se observa entre los hombres. Esta es una de las principales conclusiones de un estudio liderado por investigadores de UManresa y del Institut de Recerca i Innovació en Ciències de la Vida i de la Salut a la Catalunya Central (IRIS-CC), publicado recientemente en la revista científica BMC Public Health. El estudio, titulado Gendered embodiment of sedentary behaviour and its impact on mental wellbeing in physiotherapy higher education: a sequential mixed methods study, analiza la relación entre el comportamiento sedentario y el bienestar mental del estudiantado universitario desde una perspectiva de género.
La investigación ha combinado el análisis cuantitativo de los hábitos sedentarios con una aproximación cualitativa basada en grupos de discusión y observación del entorno universitario. El objetivo era comprender no solo cuánto tiempo pasan sentados los estudiantes, sino también cómo viven e interpretan ese tiempo.
El estudio se realizó con una muestra de 60 estudiantes del grado en Fisioterapia de la Facultad de Ciencias de la Salud de Manresa, 36 mujeres y 24 hombres, con una edad media de 21 años. Para recopilar los datos, los participantes llevaron durante una semana un acelerómetro adherido al muslo, que permitía registrar el tiempo de actividad física y los períodos sedentarios. Posteriormente, también se evaluó su nivel de bienestar emocional mediante una escala validada internacionalmente.
Dos tercios del día en comportamientos sedentarios
Los resultados muestran que mujeres y hombres dedican aproximadamente dos terceras partes de las horas de vigilia a actividades sedentarias, sin diferencias significativas entre géneros. Sin embargo, las consecuencias sobre el bienestar emocional no son las mismas. Entre las mujeres, los períodos sedentarios superiores a una hora se relacionan con niveles más bajos de bienestar mental, mientras que los períodos más cortos se asocian con mejores resultados. Según el equipo investigador, estas diferencias no se explican únicamente por la cantidad de tiempo que el estudiantado pasa sentado, sino también por el significado que atribuyen a ese tiempo.
La presión por ser productivas
La fase cualitativa del estudio ha permitido profundizar en esta cuestión. Las estudiantes participantes describen el tiempo sedentario principalmente vinculado a actividades académicas y explican que a menudo experimentan sentimientos de culpa o ansiedad cuando descansan sin una finalidad considerada productiva. En cambio, los estudiantes asocian con mayor frecuencia el tiempo sedentario a actividades de ocio o descanso, como jugar a videojuegos o ver contenidos audiovisuales, sin percibir esa misma presión.
Según el investigador de UManresa y docente del grado en Fisioterapia, Guillem Jabardo Camprubí, coautor del estudio, «los resultados indican que el sedentarismo no es solo una conducta física, sino una experiencia corporal y socialmente construida. Aunque hombres y mujeres pasan un tiempo similar sentados, las expectativas de género se incorporan a la manera en que viven esta experiencia a través del cuerpo, condicionando las emociones y el bienestar asociados a los momentos de descanso o inactividad».
La investigación apunta que muchas estudiantes interiorizan una presión constante por mantenerse productivas académicamente, lo que convierte el descanso en una experiencia emocionalmente más compleja. Esta diferencia puede ayudar a explicar por qué los períodos prolongados de sedentarismo tienen una relación más clara con el bienestar emocional de las mujeres.
Implicaciones para las universidades
Las conclusiones del estudio sugieren que las universidades deberían promover estrategias específicas para reducir los efectos negativos del sedentarismo y favorecer el bienestar emocional del estudiantado. Entre las medidas propuestas se encuentran la incorporación de pausas regulares durante las actividades académicas, la creación de entornos de aprendizaje más activos y la normalización del descanso como una práctica saludable y necesaria.
Una investigación compartida entre universidades
La investigación ha sido liderada por Laia Sallés y Guillem Jabardo Camprubí, docentes del grado en Fisioterapia de la Facultad de Ciencias de la Salud de Manresa e investigadores del Institut de Recerca i Innovació en Ciències de la Vida i de la Salut a la Catalunya Central (IRIS-CC), y ha contado con la participación de docentes de los campus de Manresa y Vic de la Universitat de Vic – Universitat Central de Catalunya (UVic-UCC) y de la Universitat de Lleida.