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Enfermería y educación personalizada para abordar el incremento de las infecciones de transmisión sexual (ITS)

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Infermeria i educació personalitzada davant l’augment de les ITS
07/04/2026

Recientemente he defendido mi tesis doctoral en el ámbito de la enfermería y la salud, centrada en la educación para la salud y, concretamente, en la prevención de las infecciones de transmisión sexual (ITS). Este trabajo nace de una doble mirada: la docente, como profesora de la asignatura de Educación para la Salud en el Grado de Enfermería, y la clínica, como enfermera de práctica avanzada en el ámbito de las infecciosas y la patología hepática.

La preservación de la salud sexual es un elemento esencial de la calidad de vida y un reto prioritario de salud pública. A pesar de las campañas de sensibilización y del acceso a la información disponible, las ITS continúan aumentando, también en Cataluña. Esta realidad nos interpela como profesionales sanitarios y, especialmente, como enfermeras y enfermeros: ¿estamos educando de manera efectiva? ¿Llegamos realmente a toda la población?

Más allá de los “grupos de riesgo”

Tradicionalmente, las intervenciones en prevención de ITS se han centrado en colectivos considerados de alto riesgo, como los hombres que tienen sexo con hombres (HSH), las personas trans o los trabajadores y trabajadoras sexuales. Sin duda, estos grupos requieren estrategias específicas. Pero mi investigación muestra una realidad que a menudo queda invisibilizada: el desconocimiento y la baja percepción de riesgo también son elevados en la población heterosexual, en mujeres y en personas mayores de 40 años.

Los resultados de nuestro estudio transversal, realizado en la consulta enfermera especializada en VIH/ITS de Althaia (centro de referencia para más de 270.000 personas en la Cataluña Central), evidencian que el nivel de conocimiento sobre el VIH, otras ITS, hepatitis víricas y sobre herramientas preventivas como la PrEP y la PEP es globalmente bajo. Este déficit es especialmente marcado en personas heterosexuales, mujeres, adultos mayores de 40 años y en aquellos con menor nivel educativo o menos recursos socioeconómicos.

Esto nos obliga a replantear el paradigma: no podemos continuar asociando el riesgo únicamente a determinadas identidades o prácticas. La prevención debe ser inclusiva, transversal y adaptada a la realidad sociocultural de cada persona.

Comprender la conducta para intervenir mejor

La tesis ha analizado los factores asociados a la conducta sexual de riesgo utilizando el modelo PRECEDE-PROCEED, que permite clasificarlos en:

  • Factores predisponentes: consumo de sustancias, multiplicidad de parejas, diagnóstico reciente de ITS, uso de aplicaciones para conocer parejas, estigma, dificultades de acceso a los servicios y salud mental.
  • Factores facilitadores: relaciones sexuales sin protección o prácticas de riesgo en contextos de consumo.
  • Factores reforzadores: diagnóstico precoz, uso de la PrEP e intervenciones educativas estructuradas.

Estos factores interactúan con variables como la edad, la migración, el nivel de estudios o la situación laboral, configurando una realidad compleja en la que el riesgo no es lineal ni homogéneo.

Uno de los aspectos más relevantes identificados es el impacto del estigma. El miedo al juicio, la vergüenza o la discriminación continúan siendo barreras importantes para la realización de pruebas diagnósticas o para acceder a información fiable. Por ello, cualquier intervención debe incorporar una mirada culturalmente competente, empática y libre de prejuicios.

Individualizar la educación para transformar resultados

Una de las conclusiones centrales del trabajo es clara: la educación en salud sexual no puede ser uniforme. Es necesario diseñar, implementar y evaluar intervenciones enfermeras adaptadas al perfil de cada grupo, con lenguaje accesible, canales adecuados y contenidos ajustados al nivel de conocimiento y percepción de riesgo.

En el caso de la población heterosexual, es prioritario reforzar la información sobre vías de transmisión y medidas de protección. En cambio, en algunos colectivos con mayor conocimiento teórico pero con prácticas de riesgo asociadas al consumo de sustancias, es necesario integrar la educación sexual con el abordaje de conductas adictivas.

La enfermería de práctica avanzada tiene un papel clave en este escenario. Desde la consulta especializada en VIH/ITS, no solo se realiza seguimiento clínico, sino también educación individualizada, apoyo emocional, detección precoz y promoción activa de herramientas preventivas como la PrEP y la PEP. Transformar la consulta en un espacio de empoderamiento y confianza es, probablemente, una de las estrategias más potentes para reducir nuevas infecciones.

De la investigación a la práctica (y al aula)

Un elemento especialmente significativo para mí es que los resultados de esta investigación no se han quedado en el ámbito académico. Las intervenciones educativas que propone la tesis ya se están implementando en la práctica clínica. Además, los dos estudios principales derivados del trabajo han sido publicados en revistas científicas de alto impacto, contribuyendo así a generar evidencia internacional en enfermería y salud sexual.

Como docente del Grado de Enfermería, este proceso también ha transformado mi manera de enseñar. Cuando en el aula hablamos de educación para la salud, hablamos de herramientas reales, basadas en datos y aplicadas en contextos asistenciales concretos. El alumnado puede ver que la enfermería no solo ejecuta protocolos, sino que genera conocimiento, lidera cambios e impacta directamente en la salud comunitaria.

Liderazgo enfermero para una salud sexual más equitativa

En síntesis, los resultados aportan evidencia sólida de que la práctica enfermera avanzada, orientada a la personalización, la inclusión y la educación, es una herramienta esencial para reducir la incidencia del VIH y otras ITS.

Si queremos frenar el aumento de las infecciones, debemos abandonar enfoques estandarizados y apostar por intervenciones adaptadas, sensibles al estigma y centradas en la persona. La enfermería está en una posición privilegiada para liderar este cambio. La salud sexual no es solo ausencia de enfermedad; es información, autonomía, equidad y capacidad de decisión. Y en este camino, la investigación enfermera tiene mucho que decir y mucho que hacer.

Cristina Lao López, docente del grado en Enfermería de la Facultad de Ciencias de la Salud de Manresa

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