“Proteger a la Pyme catalana y cuidar lo que comemos es clave para el futuro del país”
Dani Amella es uno de los referentes de la alimentación ecológica de calidad en la Cataluña Central. Desde que puso en marcha la empresa en 2002 en el garaje familiar, ha impulsado un proyecto que hoy produce y comercializa producto propio, cuenta con 25 trabajadores y supera los 2,5 millones de euros de facturación anual. Con unas instalaciones de 2.000 m² en Artés, un crecimiento de doble dígito y una apuesta firme por el producto ecológico y vegetal, Casa Amella se ha consolidado como un modelo de innovación y compromiso con el territorio. Conversamos con su fundador para entender los orígenes, el presente y los retos de futuro de un sector que considera esencial para el país.
¿De dónde surge tu vocación y cómo se gesta lo que acabaría siendo Casa Amella?
Nací en 1975 en Castellterçol, villa natal de Enric Prat de la Riba, y crecí en una familia emprendedora y muy vinculada al territorio. Mi padre dirigía una empresa constructora local y mi madre era pescadera y una excelente cocinera. Ella me transmitió el amor por la gastronomía tradicional, el respeto por el producto fresco y la importancia de hacer las cosas bien hechas. Estas raíces marcan quién soy y cómo entiendo la alimentación. Después de estudiar Empresariales en la UVic, en 2002 fundé Casa Amella con una idea muy clara: ofrecer comida sana, de calidad y de proximidad. Los primeros pasos fueron tan humildes como apasionantes: habilité el garaje de mis padres como almacén y, como aún no teníamos obrador propio, me dediqué a seleccionar productos de pequeños artesanos que compartían nuestros valores.
¿En qué momento decidiste emprender?
Fue durante mi primer trabajo en una empresa de conservas. Detecté una demanda de producto ecológico, vegetal y de proximidad: un nicho de mercado desatendido. Yo tenía 27 años y sentí que ese era mi camino. Decidí lanzarme.
¿Cuándo empezasteis a producir vuestros propios productos?
En 2011 dimos un salto adelante. Alquilamos nuestra primera nave industrial en Moià y montamos un pequeño obrador. Por primera vez podíamos producir y distribuir producto propio, y nos centramos en lo que mejor conocíamos: las conservas vegetales ecológicas. El crecimiento sostenido de las ventas nos llevó, en 2016, a adquirir unas instalaciones más grandes en Artés. De los 200 m² en Moià hemos pasado a los 2.000 m² actuales en Artés, con espacios diferenciados para materias primas, elaboración y producto acabado.
¿Cuál es hoy la dimensión de Casa Amella?
Actualmente producimos productos en nuestro obrador y comercializamos también productos seleccionados de proveedores que comparten nuestros valores. La plantilla llega a los 25 trabajadores y la facturación supera los 2,5 millones de euros anuales. Tenemos crecimientos de doble dígito y seguimos invirtiendo para afrontar nuevos retos.
¿Cuál es la misión de Casa Amella?
Nuestro principio rector es comer bueno y sano. Todos nuestros productos son 100% ecológicos certificados, sin conservantes, colorantes ni aditivos artificiales, y elaborados exclusivamente con ingredientes vegetales. Elegimos este camino por convicción y coherencia con nuestra manera de entender la alimentación. También priorizamos una cadena de suministro de proximidad: materias primas de productores locales y, siempre que podemos, envases, etiquetas y cajas también del territorio. Este compromiso implica costes elevados y márgenes más ajustados, pero es irrenunciable si queremos ser fieles a la misión de la empresa.
¿Qué productos destacan dentro de vuestra marca?
Tenemos un catálogo muy diverso: cremas de verduras, legumbres cocidas, sofritos caseros, patés vegetales, zumos, aceitunas, pastas artesanas, lentejas sin gluten, judías del ganxet… Productos tradicionales, pero elaborados con criterios de calidad y proximidad. Y luego hay productos que han marcado un antes y un después, como la aquafaba, una de las grandes innovaciones de Casa Amella.
¿Qué es la aquafaba?
La aquafaba proviene del líquido de cocción de los garbanzos en conserva, un subproducto que normalmente se desaprovecha. Vimos su potencial y dedicamos meses de investigación hasta desarrollar un proceso que permite concentrar y estabilizar esta agua de garbanzo ecológico. Así creamos la primera aquafaba orgánica del mercado. Es un sustituto vegetal de la clara de huevo, útil para hacer mayonesas veganas, merengues, bizcochos y todo tipo de recetas sin huevo. Revaloriza un subproducto, es apta para personas alérgicas y se ha convertido en un ingrediente muy valorado. Por este producto hemos recibido un premio a la innovación agroalimentaria.
¿Qué obstáculos afronta una Pyme como Casa Amella?
El coste de la energía y los costes laborales, que en España son muy elevados y afectan mucho a la pequeña y mediana empresa. En cambio, hay herramientas como el sello ecológico del CCPAE que funcionan muy bien porque ofrecen garantías reales al consumidor. A mi equipo siempre le pido compromiso y ganas. No podemos caer en la comodidad excesiva. En un mercado global hay competidores que trabajan muchísimo. Debemos ser conscientes de la realidad si queremos mantener la calidad y la competitividad.
¿Cómo ves el futuro del sector de la alimentación en Cataluña?
Hay que proteger a la Pyme catalana y la producción de calidad. La alimentación ecológica, vegetal, saludable y sin alérgenos es un motor de crecimiento para el país. Ganamos en salud, sostenibilidad y economía local. El modelo intensivo e industrializado nos lleva hacia una sociedad peor. El futuro pasa por comer mejor —y eso significa producir mejor.