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Tres claves para entender las diferencias entre mujeres y hombres en la relación entre sedentarismo y bienestar emocional en la universidad

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Sedentarisme i benestar emocional a la universitat
15/09/2026

Pasar muchas horas sentados es una realidad habitual en la vida universitaria. Entre clases, estudio, trabajos y tiempo frente a las pantallas, el sedentarismo ocupa una parte importante del día a día de los estudiantes. Pero ¿afecta por igual a todo el mundo?

Una investigación desarrollada por investigadores de UManresa con estudiantes del grado en Fisioterapia muestra que la relación entre el sedentarismo y el bienestar emocional es más compleja de lo que parece. Los resultados indican que no solo importa cuánto tiempo pasamos sentados, sino también cómo vivimos esta experiencia.

1. El sedentarismo forma parte de la realidad universitaria

El estudio observó que los estudiantes pasan aproximadamente dos terceras partes de las horas de vigilia en actividades sedentarias. Este dato coincide con otras investigaciones que describen a la población universitaria como uno de los colectivos que pasan más tiempo sentados durante el día.

Aun así, la investigación no encontró diferencias significativas entre mujeres y hombres en cuanto al tiempo total sentados. Los patrones de sedentarismo eran muy similares en ambos grupos.

2. No es tanto el tiempo sentado, sino cómo se acumula y cómo se vive

Uno de los resultados más destacados del estudio es que hombres y mujeres cisgénero pasan un tiempo muy similar sentados a lo largo del día. De hecho, no se observaron diferencias significativas ni en el tiempo sedentario total ni en la manera en que distribuían ese tiempo.

A pesar de ello, entre las mujeres sí que se identificó una relación clara entre los patrones de sedentarismo y el bienestar emocional:

  • Las estudiantes que acumulaban periodos largos de inactividad, de más de 60 minutos seguidos, mostraban niveles más bajos de bienestar.
  • Aquellas que interrumpían más a menudo el tiempo sentado y acumulaban periodos sedentarios más cortos presentaban mejores indicadores de bienestar emocional.

Esta asociación no se observó en los hombres participantes. Los resultados sugieren, por lo tanto, que no solo importan las horas que pasamos sentados, sino también cómo se distribuye ese tiempo a lo largo del día y qué experiencia emocional le asociamos.

3. Las expectativas sociales atraviesan el cuerpo y transforman la manera de vivir el sedentarismo

Para entender por qué un mismo comportamiento sedentario puede tener consecuencias diferentes en mujeres y hombres, el estudio combinó los resultados cuantitativos con grupos de discusión y observaciones realizadas en diferentes espacios de la universidad, como aulas, zonas comunes y espacios de relación entre estudiantes.

Este enfoque permitió observar que el tiempo sedentario no es solo una cuestión de minutos pasados sentados. También está influido por las normas sociales, las expectativas y las responsabilidades que las personas interiorizan a lo largo de su vida.

Culpa, productividad y descanso: dos vivencias diferentes

Las estudiantes participantes explicaban que a menudo asociaban los momentos de estar sentadas con el estudio, las tareas académicas y la obligación de ser productivas. Descansar sin una finalidad concreta les generaba, en muchos casos, sentimientos de culpa, ansiedad o la sensación de estar desaprovechando el tiempo.

Por el contrario, muchos estudiantes describían los periodos sedentarios como espacios legítimos de desconexión, recuperación u ocio, sin experimentar el mismo nivel de autoexigencia.

La perspectiva de la corporeidad

Para interpretar estas diferencias, la investigación se basó en la perspectiva de la corporeidad. Desde este enfoque, las experiencias sociales no se quedan solo en las ideas o las creencias, sino que atraviesan el cuerpo y se incorporan a la manera en que las personas viven el mundo. Las expectativas sobre la productividad, el rendimiento académico o los roles de género acaban influyendo en cómo se perciben y se sienten actividades tan cotidianas como descansar, estudiar o simplemente estar sentado.

Así, el estudio sugiere que las diferencias observadas en el bienestar emocional no dependen únicamente del comportamiento sedentario en sí mismo, sino también de cómo este se vive e interpreta. Aunque pasan un tiempo muy similar sentados, mujeres y hombres pueden experimentar ese tiempo de formas muy diferentes porque las expectativas sociales se incrustan en la experiencia corporal y condicionan emociones como la presión, la tranquilidad, la culpa o el descanso.

Más allá de promover la actividad física

Los resultados apuntan a que las universidades pueden tener un papel importante en la promoción del bienestar emocional. Además de fomentar la actividad física, hay que pensar en entornos que faciliten las pausas, reduzcan los periodos prolongados de sedentarismo y ayuden a normalizar el descanso como una parte necesaria del aprendizaje.

El proyecto sigue en marcha y se ampliará a nuevos campus y titulaciones. Paralelamente, el equipo investigador trabaja en futuras intervenciones y en la elaboración de una guía de recomendaciones que contribuya a crear entornos universitarios más saludables, activos y favorables al bienestar de toda la comunidad universitaria.

Infografía sobre la relación entre sedentarismo y bienestar emocional en estudiantes universitarios, con datos diferenciados por género
Infografía generada por IA

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