| Modalidad Presencial |
Edición 1ª |
| Calendario Octubre - diciembre de 2026 |
Lugar Manresa |
| Idioma Español |
Duración 15 horas |
| Precio Gratuito |
Plazas 25 |
Descripción del curso
En el día a día de una escuela infantil conviven emociones, necesidades, ritmos y relaciones que dan forma a la experiencia de los niños y niñas. Sabemos que los primeros años de vida son determinantes para su desarrollo y que la calidad de las interacciones con las personas adultas es uno de los factores que más influye en su bienestar.
Pero, ¿cómo podemos ofrecer calma en un entorno a menudo marcado por las prisas y las múltiples demandas? ¿Qué papel desempeña la serenidad de los profesionales en la seguridad emocional de los niños y niñas? ¿Es posible educar desde la calma sin dejar de responder a las necesidades del día a día?
Los niños y niñas forman parte de un sistema de relaciones en el que las emociones, las actitudes y el estado interno de las personas adultas repercuten directamente en el clima de la escuela. Si queremos niños y niñas seguros, primero debemos preguntarnos cómo cuidamos a los profesionales que los acompañan.
Esta formación nace de estas preguntas y de la voluntad de reflexionar sobre la calma como eje de la práctica educativa. Entender que profesionales serenos favorecen niños y niñas seguros implica reconocer que la calma no es solo una actitud individual, sino una construcción colectiva que se crea en las relaciones y que se convierte en la base de un acompañamiento respetuoso, seguro y de calidad durante la primera infancia.
Objetivos del curso
- Tomar conciencia de la importancia de la calma como base del acompañamiento educativo.
- Reflexionar sobre la influencia del estado emocional de los profesionales en la seguridad afectiva de los niños y niñas.
- Comprender la mirada sistémica como una herramienta para interpretar las relaciones que se dan en la escuela infantil.
- Descubrir estrategias para favorecer la serenidad, la regulación emocional y el bienestar dentro del equipo educativo.
- Identificar prácticas que contribuyan a crear un clima de calma y seguridad para los niños y niñas.
- Potenciar una actitud profesional basada en la presencia, la escucha y el vínculo seguro.
- Reflexionar sobre la propia práctica educativa para avanzar hacia una cultura de bienestar compartido entre profesionales, niños y niñas y familias.